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Despierta. Despierta. La voz repetía, susurraba, se ahogaba en una suplica ausente hecha de miedo, era una mujer, su presencia fantasmal se debilita con los últimos ecos, se perdió por completo. El hombre abrió los ojos, estaba aún en la mazmorra, le pareció por efectos tal vez del cansancio y del extraño sueño que las cadenas se fundían con su piel, tenía muchísima sed, estaba desnudo. La mazmorra olía a mierda humana y podían verse los excrementos regados por el piso, el asco lo retornó por completo a la realidad, dos ratas –una gris y otra negra- caminaban por su cuerpo, se buscaban la una a otra en un juego que a él le pareció absurdo. Cerró los ojos para querer dormir antes de su muerte, no lo logra, todo fue oscuridad, tedio. Él se iba, se iba, se iba. Sonó la puerta oxidada, la abrieron con violencia, el translúcido impacto únicamente le dejó ver la silueta de un grupo de hombres, no les podía ver el rostro, asombrado sólo pudo sentir –sin poder hacer nada- las primeras gotas de agua bendita sobre su cabeza...La fiebre subía. En la solitaria casa se escuchaban las blasfemias, frases en un idioma remoto, inentendible, complicado. El hombre se revolcaba violentamente en la cama empapada por el sudor, se veía la desesperación de su pesado sueño, el deseo por salir de aquel lugar. Sus movimientos arítmicos recuerdan a los de un poseso, lucha frenéticamente.Se encontraba rodeado de obispos y sacerdotes a los cuales no se les veía el rostro, decían frases en latín para combatir el demonio que según ellos llevaba ese impío por dentro, las letanías se escuchaban más aterradoras por el eco que producían las altas paredes, arrepiéntete, arrepiéntete. La eterna batalla entre el bien y el mal se vive ahora en un instante eterno para él.Unas últimas convulsiones retrataron la cúspide del tan real sueño, de ese casi verdadero horror. Pide ayuda quién sabe a quien. Continúa su alucinación.Lanzó blasfemias, gritos y escupitajos cuando observó a uno de los sacerdotes acercarse con un hierro al rojo vivo, la imagen incandescente no le fue desconocida, era el símbolo del poder y la tiranía. Un grito ahogado al tocar el hierro al rojo vivo el pecho del hombre acompañado por una estela de humo y el olor a carne quemada culminaron la sagrada misión, lo han marcado sin piedad con una cruz. Un suspiro ahogado fue el fin de su suplicio. Después silencio. Sólo silencio. La nada absoluta. El total cansancio. Despierta. Despierta.
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Hola. A aquellos de ustedes que viven en cali y les interesa la poesía les encantará saber que este Jueves Oct 9/08 tendremos la segunda velada dedicada a la poesía en LA GALATEA Casa Cultural . Cra 6 #2-48.
Si te perdiste la primera esta no la podes dejar pasar porque la pasamos rebacano leyendo nuestros escritos a la luz de velas y al calor de unos cunatos vinos y de buena música
invitados especiales: LOS INADAPTADOS